Su cocina está muy influenciada por la francesa y otros fogones internacionales, pero hay más de una quincena de bocados y tragos que sí o sí definen la cocina y cultura culinaria de los belgas. Y solo por eso, merecen estar en una lista gourmand (en la que, por cierto, casi todo se acompaña de patatas fritas y bien de salsa).
1. El plato number one en restaurantes, brasseries, fritkots o frituries ambulantes son, sin ninguna duda, las frites. Que no son ni más ni menos que ‘simples’ patatas fritas. Pero de simples parecen tener bien poco, porque la receta tradicional de la fritura (se fríen en grasa de buey, he ahí el quid de la cuestión) se estudia hasta en las escuelas de hostelería. Son más que un plato típico, un auténtico símbolo del patrimonio nacional belga. Solo así se explica que tengan hasta un museo propio, el Friet Museum de Brujas. Suelen comerse por la calle, con los dedos y acompañadas de alguna salsa compuesta por mahonesa y algo más, como la salsa ‘andaluza’ (mahonesa con especias). Las de Maison Antoine tienen fama de ser las mejores de la ciudad.
Frites, el gran tema
2. Mejillones cocidos al vapor (moules) y siempre siempre servidos con frites; cualquiera diría que en realidad los mejillones son la guarnición de las patatas, y no al revés. Su secreto está en las salsas con las que los aderezan: al vino blanco, provenzal, mantequilla de ajo…
3. Las coles de Bruselas no podían faltar en esta lista, por autóctonas y por ser un acompañamiento habitual de otros guisos más contundentes, como estofado de conejo, pollo, salchichas, costillas o pescado.
4. Las costillas de cerdo son muy muy típicas, y se sirven muy churruscadas, acompañadas de una ensalada y patata asada al horno también.
Mejillones cocidos al vapor ¡y que no falten frites!
5. Carbonnades flamandes, o lo que es lo mismo, carne estofada en cerveza belga. Sí, también se acompaña de patatas fritas y no, no tiene sabor a alcohol.
6. Las endivias tienen en Bruselas oportunidades culinarias más allá de la salsa roquefortcon la que se suelen tomar por aquí. Allí se preparan las chicons au gratin, que son endivias envueltas con jamón y gratinadas con salsa de queso.
7. Frikandel. Digamos que es la versión belga del hot dog. Pero a diferencia de los perritos tradicionales, en este caso la salchicha está frita y no cocida, y puede servirse sola, sin pan. Se acompaña de salsa de ketchup o ketchup de curry, mayonesa y cebolla troceada.
Carbonnades flamandes
8. Los belgas cuentan con más de 80 variedades de quesos, muchos más que los que hay en Suiza, Holanda y Francia juntos. Más que aperitivo, los quesos se toman como postre,después del plato principal. Merece la pena no venirse sin probar el vieux Hollande oBrique de Flandes.
9. Pero si hay un aroma que define a Bruselas (y a toda Bélgica en general) es el dechocolate, apreciadísimo por viajeros y vecinos. Al parecer hay más de 100 tipos de chocolate belga y la especialidad son los pralinés: bombones rellenos de almendras o avellanas confitadas en caramelo. Con decir Leónidas o Godiva es suficiente. Sobran las palabras.
Godiva, ¿el mejor chocolate del mundo?
10. Y hablando de Godiva, sus fresones bañados en chocolate son ya toda una institución y uno de los imprescindibles tras su escaparate en cualquiera de sus tiendas. La preferida por los viajeros es la situada en la Grand Place, la primera que abrió la marca en 1926.
11. El gofre es el otro símbolo dulce de Bélgica. Los hay por todas partes y son habituales a la hora del almuerzo, merienda o simplemente como un tentempié rápido y calentito. Cómo no, se acompaña de chocolate derretido, nata, azúcar… pero también se toma ‘al natural’, porque no necesitan nada más. Los de The Waffle Factory están riquísimos (difícil opinar lo contrario)
Gofres: FELICIDAD
12. Las spéculoos tienen también un lugar destacado entre la repostería de Bruselas.Son un tipo de galleta muy típica (sobre todo en Navidad), ultraaromatizada y especiada con canela, nuez moscada, clavo, jengibre en polvo, cardamomo y pimienta blanca, lo que les da su sabor característico. El fanatismo es tal, que incluso hay una crema para untar(como si fuera crema de cacao o de cacahuete).
13. Y casi como golosina, los cuberdons o neuzekes, que significa ’narices’ en español. Se las conoce así por su forma cónica. Son unos dulces típicos hechos con almíbar de sabor a frambuesa o regaliz negro, y son habituales en puestos callejeros que solo venden ‘narices’. Y ya se han ganado el sobrenombre de bombones belgas.
Spéculoos: enganchan y mucho
14. En el apartado de las bebidas, la reina indiscutible es la cerveza artesana. Hay registradas más de 300 tipos a nivel nacional que todavía se resisten a caer en las garras de la globalización, porque su producción es limitadísima, tanto que muchas de ellas solo pueden probarse allí, en las propias abadías en las que se producen o en los bares que las comercializan. Uno de los templos por excelencia es el archiconocido Delirium Tremens.
15. ‘Half and half’ es otra bebida estrella, menos conocida pero muy típica en locales míticos como A La Mort Subita, un old fashioned muy recomendable (y que también destaca entre los imprescindibles para probar cerveza). Esta ‘mitad y mitad’ se trata de una bebida hecha con media medida de vino blanco y media de champagne. Sí o sí, hay que probarla.
16. Y ginebras. Se cuentan por centenas en todo el territorio, hay multitud de sabores (almendra, chocolate, frambuesa, melón, limón…) e incluso de texturas (desde las más líquidas a las más cremosas). Y su fama es tal que hasta se atreven a competir con la cerveza por el trono de bebida nacional, aunque sobra decir que están lejos de alcanzarla (al menos en fama y prestigio internacional). Pero lejos de lo que pueda parecer, lo cierto es que no hay rivalidad entre ambas, lo demuestra el conocido ‘submarino’, un combinado de hermanamiento hecho a base de cerveza con un chupito de ginebra en el interior.
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